El alma culinaria de Finca Cortesin tiene nombre y apellido: chef Finca Cortesin es Lutz Bösing, un cocinero alemán enamorado de la esencia andaluza. Desde hace más de 14 años, lidera con excelencia la oferta gastronómica del resort en Casares, Málaga. Su cocina no es una moda ni una reinterpretación pasajera, sino una declaración de respeto por las técnicas básicas, el producto local y las recetas que, como él dice, “harían llorar de felicidad a cualquier malagueño”. La filosofía del chef Finca Cortesin es clara: sin raíces no hay identidad.
Un alemán con alma andaluza
Lutz llegó a España en 1989 con una maleta cargada de curiosidad. Se enamoró del país, de su cultura y, sobre todo, de su cocina. Su formación pasó por Granada y Cataluña, hasta aterrizar en Finca Cortesin en 2008. Allí encontró su lugar. Casado con una cordobesa y defensor de la tortilla de patata perfecta, su cocina abraza el alma española desde una mirada respetuosa y rigurosa. Platos como el gazpacho, el fondo oscuro o el sofrito son sus auténticos campos de batalla.
Cocina clásica en un entorno de lujo
Finca Cortesin no es solo lujo estético, es también una oda al sabor bien hecho, sin artificios ni tendencias efímeras. En sus restaurantes, como El Jardín de Lutz, Don Giovanni o REI, se respetan las bases. El steak tartar y el cóctel de bogavante conviven con chanquetes de huerto y huevos de corral. Cada plato está pensado para recordar de dónde venimos. Incluso unas simples natillas se convierten en un acto de reverencia al recetario español.
En Finca Cortesin, la carta es un viaje por la memoria culinaria de Lutz. Además de los mencionados cóctel de bogavante y steak tartar, destaca el carpaccio de calabacines, un plato “muy sencillo”, según él, que triunfa desde sus orígenes en Alemania hasta Málaga por su frescura y sencillez.
Patatas con gambas al ajillo y huevo frito es otro de los platos estrella: nació tras una cena informal con su equipo en un pequeño bar, y hoy es un símbolo de cómo lo humilde puede convertirse en sublime.
Las natillas y los arroces le gustan especialmente: postres y guisos que, para él, encapsulan el alma española. “Las natillas me sorprendieron muchísimo la primera vez que las probé. ¿Algo tan simple puede ser tan bueno?”, se preguntó entonces.
La técnica por encima del espectáculo
Para Lutz, cocinar no es impresionar, sino emocionar. “Un buen sofrito o un fondo oscuro son más difíciles de hacer que un plato instagrameable”, afirma. Las técnicas que nadie enseña —frituras, fondos, sofritos— son las que él protege con celo. Cada guiso, cada arroz y cada corte de producto pasa por su criterio. Su debilidad por la mantequilla (como buen alemán) convive con el uso de aceite de oliva virgen extra, perejil fresco o albahaca.

Enseñar como forma de preservar
No basta con cocinar bien. Lutz cree en formar generaciones que sepan qué significa una tortilla bien hecha o un gazpacho equilibrado. Por eso invierte tiempo en su equipo, con especial confianza en su sous-chef, Alex. “En España, cada abuela tiene su receta, por eso aquí buscamos la esencia” es su mantra y su advertencia. En un mundo donde todo cambia rápido, su apuesta por lo esencial es, quizás, lo más revolucionario.
La cocina también se escucha
Cuando no cocina, Lutz se sienta a la mesa familiar. Deja que sea su esposa quien cocine y vuelve a lo simple. El silencio, el tiempo compartido y las comidas caseras son su refugio. Su mirada es la de alguien que ha entendido el país que lo acogió y que, ahora, devuelve ese cariño a través de cada plato. Lutz no busca premios; busca permanencia. Y su cocina, como su compromiso, está hecha para durar.
Más información en: www.fincacortesin.com

