Vinos de dehesa: La Rous y Nacelcanto de El Molinillo


Descubre los vinos de dehesa La Rous y Nacelcanto, elaborados en los Montes de Toledo a más de 700 metros de altitud desde suelos del Cuaternario con agricultura ecológica

Vinos de dehesa

En el corazón de los Montes de Toledo, donde la agricultura y la naturaleza tejen una armonía perfecta, nace una expresión vinícola que captura la esencia misma de un paisaje único. Dehesa El Molinillo, una finca de 4.200 hectáreas, presenta sus dos primeros vinos de dehesa: el rosado La Rous y el tinto Nacelcanto. Estos vinos no son solo el resultado de la viticultura, sino la traducción líquida de un ecosistema espectacular, marcado por su altitud, su biodiversidad y sus suelos ancestrales. Representan un proyecto enológico que plasma, a través de la botella, la identidad y el carácter puro de este enclave natural. Cada sorbo es un viaje sensorial a la dehesa, invitando a descubrir su frescura, su complejidad y su profundo vínculo con la tierra.

El viñedo, situado a más de 700 metros de altitud, se beneficia de un entorno biodiverso y de unos suelos de raña procedentes del Cuaternario, que se cuentan entre los más antiguos de la península ibérica. Estos vinos de dehesa están marcados por la altura, a más de 700 metros, su entorno biodiverso y sus características suelos de raña, procedentes de la época del Cuaternario, siendo uno de los suelos más antiguos de la península ibérica. Esta combinación geológica y climática otorga a las uvas una singularidad irrepetible, con un potencial de frescor y una capacidad de envejecimiento que han sorprendido incluso a sus creadores. Bajo la dirección de los enólogos consultores Juan Antonio Leza y Jean Marc Sauboua, el proyecto busca elaborar vinos que sean un fiel reflejo de su origen, auténticas fotografías del paisaje en cada añada.

La filosofía del proyecto y el equipo enológico

La pasión de la familia propietaria por el mundo del vino fue el impulso inicial para embarcarse en este ambicioso proyecto. Para llevarlo a cabo, confiaron en la visión y experiencia de los consultores Juan Antonio Leza y Jean Marc Sauboua, quienes ahora son sus directores enológicos. La pasión de la familia propietaria por el mundo del vino impulsó a Dehesa El Molinillo a iniciar su proyecto enológico, para el que contaron con los consultores Juan Antonio Leza y Jean Marc Sauboua, sus actuales directores enológicos. Desde el primer momento, ambos quedaron impactados por la belleza del viñedo y la riqueza del ecosistema, apostando por fomentar su enorme potencial para elaborar vinos de finca con una identidad propia y definida.

Juan Antonio Leza subraya la conexión absoluta entre el vino y el lugar: “Los vinos son una foto de este enclave, fiel reflejo de lo que obtenemos aquí de forma natural”. Por su parte, Jean Marc Sauboua destaca una característica clave descubierta: “Nos hemos encontrado con un potencial de frescor mayor del que esperábamos, y esto ha contribuido a concebir vinos con capacidad de envejecimiento, tanto el rosado La Rous, como el tinto Nacelcanto”. Esta filosofía guía cada decisión, desde el cultivo ecológico certificado hasta la elaboración en la bodega, siempre con el máximo respeto por el entorno. Los vinos de dehesa resultantes son, por tanto, transmisores directos de este paisaje único y biodiverso.

La Rous 2023: un rosado con vocación gastronómica

La Rous es presentado como un tributo a la energía pura de la naturaleza, de donde surge la vida. Este rosado, elaborado principalmente con cabernet sauvignon, busca mostrar el carácter y la frescura de esta variedad en todo su esplendor. Con una clara vocación gastronómica, su elaboración combina modernidad y tradición. Un 70% del vino realiza una crianza de 9 meses en barricas de roble francés, mientras que el 30% restante se afina sobre lías en depósito de acero inoxidable. Este proceso busca aportar amplitud y complejidad sin perder la viveza que le otorga el terruño. La añada 2023 fue descrita como casi «tropical», muy calurosa pero también muy lluviosa.

La vendimia para La Rous se planificó meticulosamente, parcela por parcela. La parcela de cabernet sauvignon que da origen a este vino no se vendimió hasta octubre. Se seleccionaron las cepas plantadas en los suelos más profundos y en la zona más fresca y baja de la finca. La uva se recolectó a mano, ligeramente menos madura que la destinada a los tintos, con el objetivo primordial de preservar toda su frescura y delicadeza. El proyecto enológico de Dehesa El Molinillo plasma, a través del rosado La Rous y el tinto Nacelcanto, la esencia de esta espectacular dehesa situada en los Montes de Toledo. El resultado es un vino de color asalmonado, con una nariz que evoca frutas como el melocotón de viña, pomelo rosa, limón y fresa, acompañadas de notas florales.

En boca, La Rous 2023 destaca por sus recuerdos minerales y la complejidad aportada por su paso por barrica. Es un rosado equilibrado, con una buena acidez que lo hace refrescante y vivaz. Su final es suave y cremoso, redondeando una experiencia sensorial elegante y persistente. Con un PVP de 20 euros, se postula como un vinos de dehesa versátil y con gran potencial de evolución en botella, desafiando la convención sobre la guarda de los rosados.

Nacelcanto 2022: la esencia de la dehesa en un tinto

Nacelcanto, cuyo nombre alude al amanecer y al atardecer en la dehesa, pretende capturar esos momentos mágicos de luz y fuerza en un vino. Representa la esencia vínica de Dehesa El Molinillo, un vinos de dehesa que muestra de manera noble y directa todo el poder e identidad de este paisaje. Está elaborado con un coupage de cabernet sauvignon, syrah y touriga nacional, variedades que expresan la frescura característica de la altitud. Para realzar su complejidad, el vino se somete a una sutil crianza en barricas de roble francés de 225 litros de quinto año y en ánforas de terracota de 750 litros, buscando una integración perfecta entre la fruta y la madera.

La añada 2022, la más cálida en 25 años, planteó un reto vitícola extraordinario. Tras un otoño-invierno muy seco, la vid detuvo su crecimiento en junio. Gracias a un enfoque conservador en el manejo del viñedo y a pequeños aportes de riego de apoyo, las cepas resistieron las temperaturas extremas de un verano excepcionalmente seco. La altitud, que refrescaba ligeramente las noches, y una ansiada lluvia en septiembre fueron determinantes para lograr la perfecta maduración de unas uvas frescas y equilibradas. Nacelcanto 2022 se presenta con un color púrpura oscuro, brillante y luminoso. Su nariz es exuberante, con notas de moras, cerezas negras, tapenade de aceitunas negras, ahumados, violetas y romero.

En boca es una explosión de fruta negra (moras, cereza negra, ciruela), acompañada de sensaciones de pimienta negra, aceitunas negras y recuerdos de carne ahumada, musgo, flores y hierbas. Es un vino poderoso y con volumen, donde el tanino está muy bien integrado. Conserva el frescor característico del altiplano de la Raña, lo que, unido a su estructura, le confiere un gran potencial de guarda para la próxima década. Con un PVP de 25 euros, Nacelcanto se ofrece como un tinto de personalidad marcada, capaz de expresar la autenticidad de su origen y de evolucionar gratamente en la botella.

El viñedo y la despensa natural de Dehesa El Molinillo

El compromiso de Dehesa El Molinillo con su entorno es total. El viñedo, de 10 hectáreas, se trabaja bajo los preceptos de la agricultura ecológica certificada, con variedades como touriga nacional, cabernet sauvignon, syrah y graciano. Los suelos, pobres y de poco rendimiento, tienen la arcilla roja como denominador común, combinada con los materiales pedregosos típicos de las «rañas». Estos suelos, formados en el Cuaternario, poseen una gran capacidad de retención de agua y nutrientes. Junto con las áreas forestales de la finca, que actúan como oasis de biodiversidad, y la considerable altitud, constituyen potentes herramientas naturales para mitigar los efectos del cambio climático.

Dehesa El Molinillo es, en esencia, una gran despensa natural. Además de estos vinos de dehesa, su actividad se centra en la elaboración de aceites de oliva virgen extra de máxima calidad a partir de 230 hectáreas de olivar propio, contando con cinco referencias distintas, y en la producción de miel. En la finca conviven cultivos como el cereal, las leguminosas o la vid con encinas, alcornoques, ganado y una rica fauna local que incluye ciervos, corzos y una gran diversidad de aves e insectos.

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