Frente al aceite de girasol y otros aceites, por qué deberías plantearte el AOVE

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El aparato digestivo tiene sus secretos y la farmacéutica Mónica Nieto nos desvela la importancia de elegir bien el aceite que tomamos.

Nuestra alimentación es nuestra mejor medicina, ya lo decía Hipócrates en la Antigua Grecia. De ella depende nuestro bienestar, nuestro rendimiento y, en definitiva, nuestra salud. Cada uno de los ingredientes que ingerimos tiene un papel fundamental dentro de nuestro organismo, desde los vegetales a las grasas.

Es precisamente dentro de este último grupo en donde se encuentran los diferentes tipos de aceites, capaces de condicionar el estado de nuestro cuerpo. Es habitual incurrir en errores por no saber distinguir realmente las particularidades de los de girasol, coco o el oliva y, dentro de este último, entre el de oliva, el virgen y el virgen extra. Si se escoge este ingrediente a dedo, se condiciona la salud de toda la familia. Lo cuenta Mónica Nieto, farmacéutica experta en la materia y fundadora de la firma de AOVE y cosméticos Alevoo.

La importancia de nuestra microbiota

“La base de nuestra alimentación es seguir una dieta mediterránea equilibrada. Con ello se consigue mantener el equilibrio de nuestra microbiota intestinal, un conjunto de microorganismos que residen en nuestro cuerpo y que proporcionan la inmunología y defensas para que esté fuerte frente ante cualquier patología venidera”, introduce la experta.

Cuenta, además, que el aceite de oliva virgen extra fortalece el sistema inmunitario: “lo protege contra las enfermedades a tres niveles: aumenta nuestras defensas, proporciona una mayor resistencia frente a los patógenos y nos protege frente a virus, bacterias y otros parásitos”.

Indica Mónica que son numerosos los estudios científicos nacionales e internacionales que demuestran que la alimentación rica en AOVE “y no en otras grasas o aceites”, es sinónimo de salud y bienestar. “Han demostrado que este oro líquido actúa como modulador de la microbiota intestinal, evitando el desarrollo de factores como pueden ser la hipertensión, diabetes u obesidad; factores ligados alsíndrome metabólico ,que debemos prevenir para tener una buena salud”.

El aceite que elijas, clave en tu salud

Frente al aceite de girasol y otros aceites, por qué deberías plantearte el AOVE Begaco.es

En definitiva, la elección del aceite que consumamos, condicionará nuestra salud digestiva: “El beneficio más importante del aceite de oliva virgen extra, lo que lo diferencia del resto de grasas, es que es una grasa de origen vegetal, es monoinsaturada y con una elevada composición en polifenoles, beneficiosos para mantener esta microbiota equilibrada y fuerte”. Además, defiende Mónica, el AOVE evita el aumento de insulina y la presión arterial y mantiene el peso corporal, la presión arterial y el perfil lipídico en la sangre en valores saludables.

Aclara así que es una grasa buena, que previene enfermedades crónicas y que es muy diferente a otras grasas: “La diferencia entre el AOVE y las otras grasas es que este tiene unos beneficios destacados que mejoran el control de la glucosa, reduciendo el riesgo de diabetes”. La experta y fundadora de Alevoo concluye destacando que existe mucho desconocimiento sobre los beneficios del aceite de oliva virgen extra en el control de peso. “Aunque se piensa que el AOVE puede ser que no adelgace, tenemos que tener claro que ayuda en el control de peso, pues favorece un correcto tránsito intestinal y hace que se mejore la absorción de nutrientes y que los alimentos se asimilen mucho mejor”.

Por ello, los aceites de oliva Alevoo virgen extra ecológicos, verde temprano, que cuentan denominación de origen protegida (DOP) Sierra de Cazorla y certificado por el Comité Andaluz de Agricultura Ecológica (CAAE), triunfan fuera de nuestras fronteras: “por ser ricos en vitamina E y antioxidantes naturales”. También han convencido a los chefs más prestigiosos de nuestro país, dado que se obtienen directamente de aceitunas de máxima calidad, únicamente por procedimientos mecánicos, en frío, libres de defectos, y sin sobrepasar 0,8° grados de acidez.

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