La conservación de los biotipos de vid es ya una prioridad en la vitivinicultura del siglo XXI, y en la Ribera del Duero soriana se está escribiendo una de las historias más apasionantes de este movimiento. Dominio D’Echauz, un enclave natural en Zayas de Báscones (Soria), se ha convertido en el mayor museo vivo de diversidad genética de vid del mundo, gracias al impulso del vivero Vitis Navarra, liderado por Rafa García. Su misión: proteger y estudiar más de 16.000 biotipos de vid, con la mirada puesta en el futuro de los vinos con identidad.
Un proyecto pionero desde la tradición familiar
El origen de este gigantesco archivo vegetal se remonta al proyecto de recuperación Basajaun, creado por la familia García-Baigorri. Rafa García, cuarta generación de viveristas, ha materializado en esta finca el trabajo de décadas dedicado a localizar, recuperar y conservar material genético. Desde Rioja a Priorat, pasando por Navarra, Monterrei, Penedés o Sierra de Gredos, cada rincón vitícola de España está representado en esta colección.
Biotipos como respuesta al cambio climático
Tras siglos de reproducción asexual en la vid, su única manera de adaptarse ha sido a través de mutaciones naturales provocadas por factores como el clima o la radiación solar. Esas adaptaciones han dado lugar a lo que hoy se conoce como biotipos: variaciones genéticas únicas que definen la personalidad de cada planta. Preservarlos es esencial ante amenazas como nuevas enfermedades, el cambio climático o la pérdida de identidad varietal.
De museo vivo a bodega de tipicidad
Además de conservar, Dominio D’Echauz vinifica. Bajo su propia marca y con la línea “Colección Basajaun”, se embotellan lotes limitados con variedades tradicionales, selecciones masales o biotipos únicos, para mostrar al consumidor la importancia del origen genético y la diversidad como valor enológico.
Territorio como herramienta de estudio
La finca de 787 hectáreas —de las cuales 130 están plantadas— incluye cultivos, bosque y viña, conviviendo en un ecosistema singular. El diseño en Keyline favorece la regeneración del suelo y la retención de agua. Diferentes orientaciones permiten observar el comportamiento de cada biotipo según su exposición y maduración. Aquí conviven tempranillo, garnacha, albillo mayor y muchas más, con una altitud de hasta 1.002 metros.
Compromiso con la innovación sostenible
Además del trabajo de campo, Dominio D’Echauz colabora con centros de investigación para desarrollar prácticas respetuosas con el entorno. Entre sus objetivos está inspirar a viveristas, viticultores y bodegueros a cuidar este patrimonio vegetal. Como afirma Rafa García: “Nos consideramos guardianes de una biodiversidad milenaria, y con el deber de preservar y transmitir la grandeza del patrimonio vitícola español”.

